Parroquia San Pablo VI Cali

Humana Communitas:

Hacia una ética del Riesgo.

En medio de esta experiencia común de contingencia, el Santo Padre Francisco, por medio de la Pontificia Academia para la Vida, nos invita a “tener valor para resistir” y a ampliar nuestro “nivel de conciencia” sacando lecciones, así sean intempestivas, de la situación en la que nos encontramos.
 
La primera lección es que la vida es frágil, que nuestra soberanía no es absoluta y que nuestra libertad no es omnipotente y que, en consecuencia, debemos vivir en nuestro planeta no como amos y señores sino como administradores: con menor arrogancia y mayor agradecimiento.
 
Y, ademas, que la soledad monádica -de los individuos y de los Estados- es una ilusión y que la interconexión entre las personas y, de las personas con las cosas, es un hecho.
Sobre la base de estos proyectos de “Iglesia” y de “Mundo en situación de Covid-19” la Pontifica Academia para la Vida nos invita a construir una “nueva visión” entendida como una “ética del riesgo”.
 
En efecto, el Covid-19 podría considerarse a primera vista como un determinante natural del riesgo mundial pero la existencia de factores adicionales económicos, sociales y políticos lo convierten en un desafío ético porque afecta la vida y perjudica la existencia humana.
 
Aplicando el “principio de precaución” descubrimos que las decisiones deben ser “proporcionadas” a los riesgos y que en consecuencia vivir en una comunidad en riesgo IMPLICA construir una ética del riesgo ampliando el horizonte de nuestra imaginación moral.
 
Los contornos básicos de una ética del riesgo se delinean a partir de un concepto más amplio de solidaridad; por eso la Academia para la Vida concluye afirmando que el significado moral de la solidaridad es el verdadero problema en la actual encrucijada y que es necesario equilibrar los principios básicos de la vida y la economía, dado que no se puede proteger la vida y la salud sin tener en cuenta la vida privada y socio-económica de las personas, familias y comunidades.
Para llevar a cabo lo anterior nos plantea el reto de asumir “riesgos aceptables” y de asumir a su vez una “solidaridad en el riesgo”: las soluciones jurídicas son a veces necesarias, pero no pueden sustituir a la confianza -entendida como el compartir proactivo de la cautela y el apoyo con miras al bienestar de todos- como substancia de la interacción humana.
Solo sobre la base de la confianza puede florecer la humana communitas en orden a consolidar un “buen vivir”.
En un mundo en riesgo una solidaridad en el riesgo.
Y el reto de asumir riesgos aceptables -incluso al margen de la ley- entendidos como los puntos críticos donde se fraguan las verdaderas soluciones que rompen con los modos de ser y hacer establecidos que han desembocado en las situaciones de crisis y que es, precisamente, necesario superar creativamente.
 
P Octavio Lara.